una cosita para que no haya mas llanto mi medicina

Dejé plañir en varias oportunidades, escasas, a mi hijo mayor en el momento en que era un bebé. Me arrepiento y lo lamento. Esperemos hubiese conocido entonces todo cuanto sé en este momento. No, evidentemente que no pienso que todos y cada uno de los bebés a los que se les haya aplicado el procedimiento Estivill van a tener consecuencias ni precisarán siquiatras, ni van a estar siempre traumados. Lo que pretendí argumentar en el articulo sobre Estivill es que me semeja una barbaridad que un médico sugiere que no se atienda el llanto de un bebé y que además de esto afirme que le apoya la ciencia. O sea lo que procuré aclarar.

Llegaron varios comentarios. Ciertos aseguran que Estivill no lo afirma. Las oraciones textuales de mi articulo están copiadas del libro, una de sus primeras ediciones. Posiblemente con los años haya suavizado o matizado ciertos puntos, no dudo, algo es algo. Pero es falso que sea preciso «educar» a reposar.

hospital

Las terapias de conducta tienen la posibilidad de ser útiles en ciertos trastornos siquiátricos infantiles graves, en especial en el trastorno obsesivo compulsivo (a dios gracias poco recurrente) y en combinación con técnicas cognitivas, pero utilizar conductismo a bebés es absurdo y arriesgado.

Descripción del temor a atragantarse. Fagofobia

El temor a atragantarse tiene 2 vías primordiales a fin de que se muestre y se transforme en un inconveniente que produzca bloqueo e inclusive inconvenientes alimentarios. Lo primero es que la persona esté expuesta a enormes proporciones de ansiedad gracias a su ambiente y/o de de qué manera se encara a sus ocasiones diarias. El segundo es que frente a la aparición de experiencias incómodas en la garganta, como ver que cuesta tragarse, la persona se enfoca en esta área y comienza a meter mayor tensión muscular ahora complicar el fluído habitual del alimento.

La anticipación de ocasiones en las que se va a comer con otra gente, en las que uno puede verse negado frente a los alimentos que tenga en el plato, tienen la posibilidad de precipitar los primeros síntomas de tensión muscular en la garganta. Cuanto más esencial sea estar bien y que no se note, mucho más tensión va a haber y, por consiguiente, mucho más denegada va a estar la entrada del alimento. Si la persona no es con la capacidad de achicar su malestar, procurará comida sola siempre y cuando logre por no verse observada y poder calmarse. De la misma manera, el temor a que sea un signo de una patología grave como el cáncer o el Parkinson, entre otros muchos, asimismo puede ser un aspecto que aumente la tensión muscular y por consiguiente asimismo los inconvenientes para tragar. Todos estos componentes fortalecen los temores y llegan a modificar la fagofobia.

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