JACI Journal Club: Desafíos alimentarios

Existen muchas herramientas que pueden ayudar a sugerir la presencia de alergias alimentarias, pero, al final, el procedimiento más confiable para confirmar o excluir un diagnóstico de alergia alimentaria sigue siendo el desafío oral. Pero, ¿cómo deben realizarlos los alergólogos? En la edición de este mes de JACI, los Dres. Ballmer-Weber y Beyer brindan sus ideas sobre cómo llevar a cabo de manera efectiva un desafío alimentario (J Allergy Clin Immunol 2018; 141(1): 69-71). La mayoría de los niños con alergias alimentarias requieren tales desafíos para diagnosticar su afección, especialmente los niños más pequeños con eccema a los que se les realiza un pinchazo en la piel o análisis de sangre que sugieren que la sensibilización alérgica puede ser un desencadenante de los brotes de eccema, o en quienes la alergia alimentaria ya no está presente . Sin embargo, no todos los pacientes deben tener desafíos. Los riesgos de una reacción anafiláctica grave y potencialmente mortal deben sopesarse con los beneficios de establecer un diagnóstico más definitivo. Además, los riesgos de un desafío oral pueden ser demasiado altos en mujeres embarazadas, con asma inestable o que toman medicamentos que interferirían con el tratamiento de las reacciones alérgicas inducidas por el desafío, como los betabloqueantes. La presencia de otras afecciones, como urticaria, eccema no controlado, rinitis alérgica, trastornos de mastocitos o infección aguda puede dificultar la interpretación de los resultados y, por lo tanto, influir en la decisión de un alergólogo de realizar un desafío oral. De todos modos, es necesario un examen muy cuidadoso de antemano. Una vez que se toma la decisión, se administran dosis crecientes de un alimento en particular, generalmente cada 30 minutos, pero existe una flexibilidad considerable en la cantidad de alimentos, el número de pasos y el tiempo entre cada paso. A lo largo del desafío, los pacientes deben ser monitoreados. Si hay signos objetivos de alergia alimentaria, se debe detener el desafío y comenzar el tratamiento. Si el paciente tolera el desafío sin reaccionar, entonces el alimento debe tomarse al menos tres veces por semana para mantener la tolerancia. Aunque es la herramienta más precisa que tiene el alergólogo, se producen resultados falsos positivos, hasta en 1 de cada 25 desafíos. También pueden ocurrir resultados negativos falsos, especialmente si la alergia alimentaria tiende a ocurrir con un cofactor adicional que no se tuvo en cuenta en el desafío, como el consumo de alcohol, el ejercicio o una infección viral. En conclusión, los desafíos orales son una herramienta poderosa para identificar las alergias alimentarias, pero la seguridad siempre es lo primero y los resultados deben ubicarse en sus contextos clínicos correctos.

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